"Lo que mi Tetralogía de Fallot me ha enseñado"


La Tetralogía de Fallot me impidió hacer deportes de chica. Me impidió correr y saltar enloquecidamente cuando mis amigos, hermana y primos sí lo hacían. 

La Tetralogía de Fallot, me enfrentó a temores muy fuertes en edades muy tempranas. Me hizo pensar, cuestionarme la vida y la muerte en edades donde la única preocupación que tienen y deben tener los niños es a que van a jugar y si la mamá les va a preparar esa milanesa que tanto quieren comer.

La Tetralogía de Fallot hizo que me realizaran estudios complejos a horas de haber nacido. Hizo que me rodearan cantidades de médicos que estudiaban la complejidad del caso y evaluaban formas posible de tratamiento. 

La Tetralogía de Fallot hizo que no le tenga temor a las inyecciones porque eso era lo más leve que podía pasar en un estudio.

La Tetralogía de Fallot, llenó de cicatrices mi cuerpo y me costó años amigarme con ellas. No verlas como un defecto sino como marcas del triunfo.

La Tetralogía de Fallot me llenó de inseguridades, de miedos profundos, de ansiedades, de sentimientos de inferioridad, de angustias.... Y pocos lograban entenderlos.

La Tetralogía de Fallot hizo extender esos miedos, por supuesto, a mi familia, en especial a mi mamá que lloraba conmigo en cada intervención y tembló de miedos y de angustia cada vez que me dejó en la camilla de un quirófano (como no voy a entenderlo, si soy mamá y sufro cuando mi hija tiene dos líneas de fiebre por algún resfrío).


Sin embargo, la Tetralogía de Fallot no impidió que soñara, que tuviera fe, que ponga el alma en cada momento vivido. No impidió que aprendiera a escribir y a expresarme, a jugar (aún más con la imaginación). Que pusiera pasión en cada paso porque cada uno de ellos es la muestra del triunfo de la vida... 

No impidió que amara con locura, con el corazón que, aun con sus dificultades, mostró ser más fuerte que muchos otros, bancándose no solo mi cuerpo sino también mi cabeza que, más de una vez le juega malas pasadas con ansiedades y temores.

No impidió que respirara el aire puro, que huela el aroma de las flores, que mire las estrellas e intente contarlas todas.

No impidió que me metiera en el mar, que chapoteara en un charco, que haga del mate mi fiel compañero, que, ¡por fin!, después de las intervenciones, pudiera bailar con el cuerpo y con el alma. No me impidió cantar desde lo más profundo, con pasión. No me impidió elegir una profesión que me apasione y ejercerla con vocación y respeto.

Me hizo conocer médicos sensacionales (los de hoy y los de siempre) que son personas maravillosas a los que quiero con el corazón y no me cansaré jamás de darles las Gracias !

Me enseñó a comprender el sufrimiento de otros, a escuchar, a ayudar, a entender que cada uno tiene monstruos aterradores con los que lucha todos los días.


Aprendí que sin esta Tetralogía de Fallot con la que llegué al mundo, yo no sería la misma.

Me enseñó a valorar lo simple, a disfrutar lo sencillo. Me enseñó a perseverar y a luchar siempre por lo que quiero. Me enseñó que cuando deseamos algo con el cuerpo, con el alma, con el corazón y con la mente, trabajamos duro para ello y estamos dispuestos a asumir los riesgos, el universo conspira a favor de su realización y que todo sueño, una vez que se construye, siempre SIEMPRE, puede ser posible !!!


Gisela Faro, Tetralogía de Fallot. Buenos Aires.

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