“Hoy, miedo e incertidumbre”

Siempre nos ha gustado vivir en Chile, como todo lugar, puede tener cosas buenas y cosas malas, pero en general nos sentíamos tranquilas, con nuestras situaciones familiares que no han sido fáciles, pues las 2 tenemos hijas con cardiopatías complejas, por lo que han requerido de más de una intervención, en las cuales cada una de ellas se jugaba la vida; no son momentos fáciles, para nada, pero ahí estábamos, contábamos con el apoyo de nuestras familias, no todas contábamos con el apoyo del papá de esta niña, pero aun así, estábamos rodeados de amor en esas situaciones y en tantas otras que rodean nuestro día a día: las cuentas en lo que se refiere a las hospitalizaciones, apoyo para comprar los medicamentos, que entendieran que no nos podíamos juntar si es que había alguien enfermo, que no podíamos ir a lugares donde se fumara, que si iban a nuestras casas no podían fumar, a veces incluso debían quedarse con nuestros otros hijos mientras teníamos que ir a control con nuestra pequeña o incluso acompañarla en sus largas hospitalizaciones; este recorrido no ha sido fácil, pero aun así, nos sentíamos tranquilas dentro de este caos.

Hace unos días ya, empezamos a vivir situaciones difíciles: el país se había levantado contra todo lo que iba mal; sabemos que fueron años de sentir que los que gobernaban nos pasaban a llevar al resto o a la gran mayoría, pero la solución si bien logró llamar la atención del gobierno, también enlutó las calles: veíamos barricadas, incendios, metros absolutamente destruídos, pero eso no fue lo más grave. Mucha gente necesitaba trabajar y su fuente de ingresos se vio claramente dañada con los toques de queda que se impusieron para poder ordenar esta nueva situación, el transporte no funcionaba bien y la gente se demoraba muchísimo tiempo en llegar a sus trabajos o sus casas, nuestras vidas se vieron alteradas, afectando nuestra economía, que debía seguir sosteniéndose para pagar los costos médicos de estas niñas.

Desde dos puntos de vista diferentes, fuimos viviendo estos días, mientras una hacía largas filas para poder ir a comprar al supermercado, otra veía espantada las noticias, viendo cual sería el camino que podría tomar en caso de una emergencia.

Pero lo que sí vivimos en común fue el miedo, desde dos puntos de vista diferentes, dos familias distintas, con entornos diversos, sentíamos miedo: miedo a salir a las calles con nuestros hijos y que ellos vieran ese nivel de violencia o peor aún, que les llegara una piedra, una bomba lacrimógena o un chorro de guanaco; miedo a que se nos acabaran los medicamentos (que en el caso de nuestras hijas son de vital importancia), ya que las farmacias donde podíamos mandar a hacer nuestras recetas magistrales estaban cerradas debido a los saqueos (si es que no las habían ya saqueado); miedo a tener una urgencia real y no poder llegar debido a los problemas de locomoción, calles cortadas por las numerosas marchas, tacos debido a las desviaciones por estas mismas o simplemente porque debíamos conseguir un salvoconducto si es que esta emergencia era en la noche.

Somos las primeras en reconocer que las cosas deben cambiar, especialmente, por nuestra experiencia, nos preocupa que mejore la salud en Chile, nos sentimos parte de ese Chile que quiere cambios, pero debemos ser conscientes de quienes son los realmente afectados con estas muestras de rebeldía.

Queremos que nuestras hijas crezcan en un Chile mejor, pero para eso necesitamos que lleguen a ese Chile, que logren vivir para conocerlo, teniendo acceso rápido a sus hospitales o clínicas, teniendo acceso a sus medicamentos, porque lo que para algunos puede ser unos minutos más de taco o de dar vueltas para encontrar una farmacia, para ellas puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

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