"Embarazo y nacimiento"



El resto del embarazo, como les contamos anteriormente fue muy duro.

Yo tuve que dejar de trabajar; como mamá era muy difícil seguir, ya que mi trabajo es de mucho contacto con otras personas, soy educadora de párvulos y a diario mis alumnos, apoderados y colegas preguntaban por mis mellizas, cómo estaban y era muy difícil explicar que una estaba perfecto pero que no sabíamos si la otra sobreviviría. Por otra parte, yo iba conociendo más del diagnóstico, mi marido es psiquiatra y quería que estuviéramos preparados para cualquier cosa.


Se venían decisiones difíciles, que hacer con la pieza de las niñitas, comprar las dos cunas o no, yo dejé de comprarles ropa (mis hijos mayores son hombres, así es que estaba feliz comparando ropa de niñitas y más encima combinadas entre ellas!), elegir a los padrinos (que decidimos elegir a los mismos para las dos niñitas, una decisión que nos acomodó bastante y estamos felices de haber tomado), armamos solo una cuna moisés, ya que sabíamos que los primeros días Elena no vendría a casa y cuando lo hiciera tendrían que dormir juntas, para sentirse cerca igual que en mi guata.


Por otra parte, me metí a un taller de manualidades, en mi caso elegí de amigurumis, fue una excelente terapia, porque además de aprender a hacer algo con las manos, tenía tareas para las clases siguientes, lo que me mantenía la mente ocupada.

Yo soy de esas mamás que les tiene mucho miedo a las contracciones, a no saber reconocerlas, por lo mismo hace que me sienta exagerada y aunque sentía contracciones, las que me controlaba con una aplicación que bajé del teléfono, estaba convencida de que no eran de parto, no eran para nada regulares y no me dolían, pero ya eran parte de mi día a día. Cuando tenía 34 semanas, comencé con un dolor como en la boca del estómago, era un dolor diferente que me hizo ir a urgencias (aunque en el camino casi me devolví porque tomé Viadil y se me pasaron los dolores), cuando me hicieron monitoreo, me contaron varias contracciones, lo que hizo que los doctores tomaran la decisión de dejarme hospitalizada.


Durante la hospitalización me pusieron corticoides para madurar los pulmones de las niñitas y otros medicamentos para detener las contracciones; afortunadamente dieron resultados y a los dos días me pude ir de alta.

Desde ahí el reposo fue cada vez más estricto, solo tenía permiso para ir a la psicóloga (en taxi, ni hablar de manejar) y pararme para ir al baño, hasta que una noche, después de un fin de semana de hartas contracciones, tuvimos que partir a la clínica de urgencias, llegué con 6 de dilatación, lo que quería decir que pronto nacerían.


Primero nación Sara, de 2,900 grs, una ratona deliciosa, que apenas tuve porque se la llevaron para hacerle todos sus controles neonatales, y 6 minutos después, los doctores tuvieron que correr para recibir a Elena (ella debía irse inmediatamente a la Neonatología de la clínica, pero pude tenerla más rato porque como nació tan poco tiempo después de su hermana, aún estaban haciendo los primeros controles de ella y luego le tocaría su turno).

Cuando me llevaban de vuelta a la pieza, mi marido se me acercó y me cuenta el peso de Elena: 2,400 grs

Los dos nos pusimos a llorar.


5 Septiembre 2018, Mamá de Elena.




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